domingo, julio 02, 2017

Un muchacho que partió de su pueblo en busca de aventuras

Mi padre tenía 17 años cuando se fue a hacer el servicio militar -la mili-. Fue destinado inicialmente al cuartel de Artillería de Getafe, en Madrid, en las instalaciones de la actual Universidad Carlos III. Como se fue voluntario -tantas eran las ganas que tenía de salir de su pueblo, en Segovia, y ver mundo- tuvo que pasar en el cuartel 2 años. Me imagino que hizo más guardias que el palo de la bandera, utilizando el viejo argot cuartelero. Mi padre solía decir, para hacer chanza de su edad, que hizo la mili con flechas.

Al terminar el servicio militar se fue a Barcelona a buscar nuevas oportunidades y tratar de vivir una vida mejor. Allí conoció a mi madre y se hicieron novios. Tras unos años en Barcelona, que yo suelo imaginar como un poco locos, puesto que eran los últimos 60 y mi padre trabajaba en una discoteca de actuaciones en directo, se fueron a Madrid, donde compraron una casita para casarse poco después. En los años venideros tuvieron muchas letras que pagar, un 127 de 3 puertas color granate, dos carpetas llenas de discos de 45 RPM y un tocadiscos picú en el que que mi madre solía poner música en el salón aún vacío de muebles... Pero sobre todo, lo que tenían eran muchas ilusiones, alimentadas por sus recuerdos de juventud en Barcelona. Posteriormente vendrían los niños, las responsabilidades, la madurez sobrevenida y la vida adulta.

Mi padre me enseñó muchas cosas. A montar en bici y a andar seguro: cuando yo era pequeñito me decía que levantara mucho las rodillas para no caerme (uno de mis primeros recuerdos junto a él). Luego sería yo, junto a mi madre y mi hermana, el que le ayudaría a él a caminar por los pasillos del hospital, cogido de la mano. Le encantaba andar, era su obsesión. Tenía una gran voluntad por caminar, aunque se encontrara mal. Incluso antes de morir, nos pidió que le sacáramos a andar de nuevo por el pasillo.

Pero quizá lo mejor que me enseñó fue el amor por la música. Su colección de discos comprada poco a poco durante su estancia en Barcelona, con singles de Los Brincos, Los Bravos, Picnic, El Dúo Dinámico, fue mi escuela de iniciación en lo que luego se convertiría mi gran pasión. Siempre se lo deberé a él.

Le gustaba la buena mesa y apreciaba el vino y la etiqueta. Sabía preparar steak tartar y multitud de platos que aprendió en su oficio trabajando en hostelería, en los mejores restaurantes de Madrid. Aunque no tenía estudios superiores, sentía una gran curiosidad por el mundo y, en los últimos años de su vida, se apuntó a unas clases para adultos: aprendió matemáticas, lengua, geografía, dictado... Todo aquello que soñó dominar de jovencito en la Barcelona de los 60, cuando veía charlar a los jóvenes sofisticados a los que servía copas en los bares y restaurantes en los que trabajó. Adoraba Galicia y el pueblo de mi madre. Sus cenizas se pasearán eternamente por los caminos de Barja.

Para mí siempre fue y será ese muchacho que partió de su pueblo en busca de aventuras. Y siempre nos acordaremos de su sentido del humor y de esas frases hechas que decía y que tanto nos divertían a mi hermana y a mí: 'Tengo más hambre que Dios talento' o 'Estás más chupao que la pipa de un indio'. Y su incapacidad para pronunciar la palabra 'Taxi' (decía 'tasis' o 'tapsi')... La misma mañana del día de su muerte estuvo diciendo cosas graciosas en su cama del hospital.

Esa fue la vida y la historia de mi padre, una de tantas. Trabajó como un burro durante más de 40 años y con la ayuda de mi madre sacó adelante una familia y una casa. Supongo que renunció a muchos sueños y se sacrificó como muchos hombres de su generación, la que construyó de manera silenciosa este país entre los años 60 y 80. Sin estridencias, sin publicidad, sin vanidad.

El viernes 30 de junio la enfermedad maldita se lo llevó después de luchar contra ella a brazo partido. Curiosamente, su reloj, que siempre quería llevar puesto incluso en el hospital, supongo que para no perder la noción del tiempo, se paró un par de días antes de morir.

Era sobre todas las cosas un hombre cuidadoso, elegante, bueno y pacífico. Su familia y amigos lo quisimos mucho. Ahora estará en algún lugar insospechado, junto a mis abuelos, mis tíos y otros amigos que nos dejaron demasiado pronto. Seguro que nos sonríe.

Hasta pronto, papá.

lunes, octubre 20, 2014

New York - y 3

Ya de vuelta de NY y tras unos días en Madrid descansando y poniendo los biorritmos de nuevo al compás de este lado del mundo, sólo diré sin rubor, que aquella ciudad es simplemente una auténtica pasada. Un maremágnum de ruido, gente, músicas diversas, sirenas de ambulancias y de la policía, rascacielos, obras de teatro, musicales de Broadway; una Babilonia de nuestros días donde los vagabundos se tropiezan y entremezclan por las calles con los ejecutivos de Wall Street, los actores con los obreros de la construcción y las modelos con la gente normal que vive en Brooklyn y en Queens y que viaja cada día a ese planeta, cercano y lejano a un tiempo, llamado Manhattan. No diré que me gustaría vivir aquí, porque en este momento de mi vida quizá sería lo último que quisiera hacer. Pero pasar una temporada debe ser la mar de interesante, aunque sólo sea porque aquí se cuece todo lo que culturalmente luego influirá en el resto del planeta.

Como no teníamos wifi gratuito en la habitación, no pude subir las entradas al blog según íbamos finalizando cada jornada. Aquí va un resumen de lo que hicimos cada día:

Día 4 (jueves 9 de octubre):

Después de regresar en tren a NY desde Hartford -el madrugón fue de antología, pues teníamos billetes para las 6:30 A.M.- aparecimos de nuevo en la Penn Station, sobre las 9 y pico de la mañana. Aprovechamos para ver unos abrigos para un amigo en una tienda de efectos militares cerca de la 7ª av., pero resultó que dicha tienda estaba cerrada por vacaciones. Así que como teníamos hambre, era casi la hora de almorzar y apenas habíamos desayunado, nos fuimos en busca de los muy famosos perritos de Grey Papaya. Sin embargo, también esto nos salió al revés, pues resulta que el local que siempre había estado abierto por la zona, cerca del Madison Square Garden, llevaba cerrado desde hacía una buena temporada, de lo cual fuimos amablemente informados por un poli al que preguntamos. Nuestro gozo en un pozo.

Para desquitarnos, nos fuimos a comer a Junior's, cerca de Times Square. Aquí sirven la tarta de queso más famosa de la ciudad (o por lo menos eso es lo que ellos publicitan sin rubor). No podemos verificar tal afirmación, aunque sí pudimos comprobar que, como mínimo, está buenísima.

Empezábamos a estar de nuevo muy cansados, por el efecto -todavía- del jet lag, así que decidimos ir de nuevo al hotel. Pilar fue a comprar entradas para un musical en el famoso puesto TKTS de Times Square, donde ponen a la venta con muy buenos descuentos entradas que han dejado de venderse en los espectáculos de Broadway. Finalmente consiguió entradas para Los Miserables y allá que nos fuimos por la tarde a verlo. Creo que jamás he disfrutado tanto en un musical. Un montaje y unas interpretaciones excepcionales. Otro nivel, claro, el nivel de Broadway.

Día 5 (viernes 10 de octubre):

Este día lo aprovechamos para hacer otra de esas actividades típicas de turistas, y que son imprescindibles, en una primera visita a NY: ir a ver la Estatua de la Libertad. Para aprovechar la mañana, decidimos primero ir a dar un paseo por la zona, el sur de Manhattan, y ver el World Trade Center y su nueva torre que sustituye a las torres gemelas, el edificio One World Trade Center. Este coloso, cuya obra está prácticamente finalizada, es visible desde cualquier punto de la ciudad. Hicimos mil fotos y después nos fuimos a hacer algunas compras, para finalmente, dar un paseíto por Wall Street, ver un poco la calle donde se deciden los destinos y las crisis económicas del mundo, y, dando un pequeño paseo hasta el río, acabar en la estación de donde salen los ferrys que van a Staten Island. Estos ferrys son gratuitos y todos los turistas los toman porque ofrecen las mejores vistas de la Estatua de la Libertad, junto con el Skyline al fondo del sur de Manhattan. La travesía del ferry no dura mucho y hay que procurar tomar asiento en estribor (derecha del barco), puesto que es el lado del barco que pasa junto a la estatua y ofrece las mejores panorámicas. Al llegar a Staten Island, se coge de vuelta el mismo ferry. Pero atención, hay que bajarse del ferry, dar un rodeo en la misma estación y volver a subirse al barco, esta vez en la parte de babor (izquierda) para volver a gozar de las vistas imponentes de uno de los monumentos más fotografiados del mundo.

Una vez en tierra, cogimos un taxi para ir a comer. Nos habían recomendado un restaurante por la zona, cerca de la 1ª av., el famoso Katz's que aparece en la peli 'Cuando Harry encontró a Sally'. En este restaurante que ofrece sus famosos sándwiches de pastrami a 19 $!, el personaje de Meg Ryan tuvo su famoso orgasmo fingido ante Billy Crystal. El local estaba absolutamente lleno hasta arriba de gente, con lo que no pudimos conseguir mesa. Como teníamos antojo de pastrami, nos fuimos a un deli de la zona y nos tomamos uno bien bueno. El sitio elegido no era tan famoso como Katz's y sus sándwiches no eran tan caros, pero nos lo tomamos con ganas y buen apetito, tras la mañana intensa que habíamos tenido.

Tras el banquete de pastrami nos fuimos a dar una vuelta por la zona en busca de China Town y Little Italy. Caminamos un poco por las calles exóticas de estos barrios neoyorquinos, con sus bazares y sus balcones adornados con la bandera italiana. Nos topamos casi por casualidad con el café que han abierto hace poco que conmemora el 20 aniversario del estreno de la serie Friends. La cola para entrar daba la vuelta a la manzana. Le hicimos unas cuantas fotos a la parte exterior y al interior desde la ventana. No dio para más. Y el intenso día también empezaba a cobrarse factura en nuestros doloridos pies. Así que tomamos taxi de vuelta al hotel, para descansar y vivir nuevas aventuras en NYC.

Día 6 (sábado 11 de octubre):

Hoy nos ocurrió algo que a los visitantes primerizos de NY les suele ocurrir con frecuencia: nos perdimos en el metro. O más que perdernos, tomamos una línea express de las que no paran en ninguna parada hasta que llegan al final. Nuestra intención era haber ido al museo de Historia Natural, pero cual fue nuestra sorpresa cuando al tomar el metro en Times Square nos dimos cuenta de que el convoy no paraba en ninguna estación. Vimos pasar de largo la parada que nos dejaba al lado del museo y cuando por fin paró, en algún sitio del norte entre el Harlem y el Bronx, cogimos otro metro de vuelta, que nos hizo la misma jugada, hasta Times Square. Finalmente, pudimos comprobar que incluso a los propios oriundos les pasaba lo mismo, puesto que muchas veces durante el fin de semana cortan líneas o cambian ciertos trayectos para realizar obras en el metro. En cualquier caso, perdimos una hora entera dentro del metro de NY, aunque bueno, bien visto, por lo menos pudimos ver que cogiendo uno de estos trenes express, puedes atravesar la ciudad de punta a punta en unos pocos minutos... Finalmente decidimos coger un taxi e ir Central Park, con la intención de visitar el edificio Dakota donde vivió John Lennon y que está junto al parque. Antes habíamos tomado un pequeño refrigerio en un sitio muy finolis y muy pijo llamado Tavern on the Green. Daba no sé qué poner nuestros molidos y vulgares pies en un sitio tan distinguido... A continuación, nos dirigimos a la calle 72, donde nos hicimos unas fotos junto al edificio Dakota y también en el memorial John Lennon -también conocido como Strawberry Fields- que queda cerca, ya dentro de Central Park, donde los fans de los Beatles tenemos un pequeño lugar de peregrinaje.



Ya he visitado los dos lugares más importantes donde vivió John Lennon en su vida: en Liverpool, en la casa de su tía Mimi, y aquí en NY, junto a Yoko Ono y su hijo Sean. Un mal día de diciembre de 1980 un tipo asesinó a Lennon pegándole 5 tiros, junto al portal del edificio Dakota al que regresaban tras promocionar junto a Yoko su disco Double Fantasy, en la famosa entrevista hecha por la revista Rolling Stone. ¿Qué estaría haciendo ahora John Lennon de seguir vivo? Quién sabe...

Nos dirigimos a Lincoln Center, para admirar el edificio de la ópera (me hubiera gustado hacer el Bill Murray junto a la fuente, dando vueltas con los brazos en cruz, pero no me acordé en ese momento....) y posteriormente, taxi mediante, al Rockefeller Center, donde pudimos contemplar la famosa pista de patinaje que sale en cientos de pelis y el edificio Top of the Rock, que junto al Empire State y el Chrysler, es uno de los rascacielos más famosos de la ciudad. A continuación aprovechamos para hacer algunas compras en Century 21th y en Barnes & Nobles para finalmente comer en un restaurante irlandés donde a Pilar le sirvieron un Bloody Mary realmente asqueroso...

Después de comer cogimos otro taxi para dirigirnos a la estación Grand Central y admirar su hermoso hall, retratado en cientos de películas de Hollywood. Es famoso su puesto central de dispensación de billetes e información, con el característico reloj en la parte del techo. En la planta baja de la estación se encuentra una especie de centro comercial, donde restaurantes como Junior's y cadenas como Apple tienen sucursal. Por último, nos dirigimos a la famosa biblioteca de la ciudad, que es posible visitar gratuitamente. Aprovechamos para hacer una pequeña parada allí. Y es que después de la visita a la estación y la biblioteca, nuestros pies empezaban a fallarnos con lo que tomamos taxi al hotel para descansar un poco.

Pilar estaba molida y decidió quedarse en el hotel, con lo que yo, que aún tenía energías, aproveché la tarde para dar un garbeo por la 5ª y la 6ª avenidas, tomarme un perrito en un puesto callejero y a continuación recorrer la calle 42, desde la 5ª av, hasta el edificio de las Naciones Unidas. En el regreso, compré algo de cena en un local de la cadena Pax Wholesome Foods y en uno de esos establecimientos tan característicos neoyorquinos en donde venden todo tipo de fármacos y que al mismo tiempo también es supermercado, Walgreens.

El día acabó con los dos molidos en la habitación tomando sopa italiana de vegetales y sándwiches de atún junto al televisor, viendo Housewives of Atlanta en el canal Bravo. No preguntéis.

Día 7 (domingo 12 de octubre):

Día de la Hispanidad, aquí conocido como el día de Colón (Columbus Day), es muy famoso el desfile que se realiza en la 5ª avenida para conmemorar el descubrimiento de América. Como no teníamos ánimo para aguantar varias horas de pie, decidimos aprovechar para intentar ir de nuevo al museo de Historia Natural, pero esta vez en taxi, para evitar sorpresas con el metro. Nosotros somos así.

Y qué decir de este museo? Que es absolutamente apabullante! No os podéis hacer una idea de lo que hay ahí metido... Los americanos son únicos en este tipo de cosas. El museo ofrece una visión completísima de toda la historia natural del planeta, desde el Big Bang que originó el universo, nuestra galaxia, el Sol, los planetas del sistema solar, la Tierra... Hasta el surgimiento de la vida en nuestro planeta, a través de los famosos dioramas del museo, esas pequeñas escenas recreadas con un realismo sorprendente. Igualmente son famosos los esqueletos fósiles de dinosaurios cuya colección es de las más completas del mundo.



Hicimos un millón de fotos en esta y en las demás salas. Este museo para verlo bien, es necesario hacer varias visitas y muy reposadas, tanta es la información y los objetos expuestos: meteoritos, minerales, recreación de la edad del universo mediante modelos a escala, especies disecadas de todos los reinos animales, muestras de la cultura de todas las razas y tipos humanos, la edad de la Tierra, Geología, Biología, Zoología.... Y eso sin contar con el apartado de la exploración espacial y el planetario, cuya visita con presentaciones sobre los misterios del universo en su pantalla-cúpula merecen muchísimo la pena. Con deciros que el museo hasta tiene en una de sus salas un moái de la Isla de Pascua... Por cierto, aunque lo estuvimos buscando, no fuimos capaces de encontrar al Dr. Ross Geller. Alguien sabe en qué departamento trabaja?

Tras la visita al museo acabamos los dos realmente exhaustos. Nos arrastramos hasta uno de los puestos callejeros que hay junto al museo y compramos un par de bocadillos (aquí toda la comida la ponen entre dos panecillos...) de cordero con todo tipo de cosas dentro, incluida salsa picante a cascoporro. Como estábamos hambrientos nos lo comimos con ganas. De postre compramos un pretzel, una especie de rosca que venden en todos los puestos y que es de origen alemán. El sabor y textura es un poco peculiar. Pero hay que probarlo todo.

Día 8 (lunes 13 de octubre):

Nos levantamos pronto para ir a tomar un brunch a Sarabeth, un local que nos habían recomendado, famoso por sus huevos a la benedictina. Hay que resaltar que el sitio es pijísimo, se llena enseguida, con lo cual es mejor reservar, y la comida está deliciosa. Si tenéis oportunidad de ir, no lo dudéis. Eso sí, el plato típico del local, los huevos a la benedictina, que los preparan de diferentes maneras, es una pequeña bomba hipercalórica. Un buen chute de energía para empezar el día con alegría. Por cierto, que antes de entrar al local, nos encontramos con el Carnegie Hall, en la calle 57 con la 7ª av, famoso y mítico teatro y sala de conciertos, donde han actuado los músicos más importantes de los últimos 100 años. Desde Tchaikovsky hasta Carole King, la lista de celebridades que han ofrecido conciertos aquí es larga e ilustre.

Esa mañana decidimos ir a visitar otro museo clásico de la ciudad, el MoMA. Este museo de arte moderno y diseño es famoso por sus pinturas, todas ellas expuestas en las plantas 6ª y 5ª. Con lo que conviene empezar la visita por el último piso. Allí encontraréis obras famosísimas que habréis visto cientos de veces en todos los manuales de arte del mundo: Hopper, Warhol, Pollock, Cezanne, Monet, Magritte, Toulouse-Lautrec, Dalí, Picasso, Juan Gris, Miró... De verdad, apabullante. Menuda colección.



El resto de plantas del museo están dedicadas al diseño de objetos cotidianos del siglo XX y obras de artistas más modernos de los 60 hasta nuestros días, incluyendo pinturas, esculturas, vídeos, y otras manifestaciones artísticas, algunas de ellas un poco demasiado modernas para nuestro gusto. Un lienzo en blanco, ¿puede ser considerado una obra de arte? En fin, sólo por lo que tienen en las dos últimas plantas del edificio, merece la pena la visita a este museo.

Después de la visita nos dirigimos a otro de esos puntos típicos de NYC: la joyería Tyffany's. Como buenos cinéfilos que somos y admiradores de la película 'Desayuno con diamantes', originalmente titulada 'Breakfast at Tiffany's', estuvimos visitando este lujoso establecimiento de la 5ª av. (hay otros por la ciudad, pero éste es el más famoso), donde se exponen joyas, collares, pendientes, anillos, vajillas y demás baratijas a precios prohibitivos... Por unos momentos, nos sentimos como George Peppard y Audrey Hepburn, salvando las distancias, claro...

Tras la visita a Tiffany's cogimos un taxi para otro destino cinéfilo: el puente de Queensboro. Comimos en un diner cercano y nos dirigimos a Sutton Place, zona pijísima del Upper East Side la ciudad, mil veces retratada en las películas de Woody Allen. Aquí se encuentra el famoso banco que aparece en el cartel de la peli 'Manhattan' y que intentamos recrear haciéndonos así como un millón de fotos sentados en el mismo.


Creo que el resultado final no ha quedado mal de todo, verdad? Uno de los sitios más hermosos de NY, quizá el que me resultó más especial. Es como una pequeña isla de silencio, junto al río, con ese hermoso puente cruzando ambas orillas del Hudson. Una maravilla.

Día 9 (martes 14 de octubre):

Iniciamos el día desayunando un brutífero (palabra inventada por mi hermana y que nos encanta porque es genial para definir de manera concluyente y gráfica cosas que se pasan de brutales) brunch en el Junior's de Times Square que ya habíamos visitado días atrás. Mi desayuno de huevos revueltos con salchichas, tomate, lechuga y tostadas me proporcionó energía para ese día y para los posteriores. De hecho, creo que mi organismo aún sigue alimentándose de él. Pilar optó por la tremenda carrot cheese cake, mezcla de tarta de zanahoria con tarta de queso, de cuya ración, servida por el restaurante para una sola persona como si cualquier cosa, podrían comer 5 fornidos hombres. Huelga decir que nos dejamos la mitad de nuestro brunch en el plato. Las raciones americanas son realmente exageradas.

Nos acercamos a TKTS con la intención de comprar entradas para alguna de las matinés en algún musical a mediodía. Pero dio la casualidad de que los martes sólo hay espectáculos por la tarde y por la noche, así que media vuelta! Cogimos taxi en Times Square y nos dirigimos a través del tráfico, las obras y los turistas despistados hasta el Flatiron building, una de las construcciones más famosas de la ciudad. Con forma de plancha o de proa de buque, nos sorprendió la belleza de este edificio, que alguno ya ha calificado como la esquina del mundo.

Después de lanzarle cientos de fotos, dimos un pequeño paseo por la 5ª av. viendo tiendas y contemplando estampas típicas de la ciudad. A la altura de la calle 14 hicimos una pequeña parada en la famosa y gigantesca tienda de instrumentos musicales, especializada en guitarras, Guitar Center. Me quedé obnubilado con las Fender, Gibson, Martin, Rickenbacker, etc. etc. etc. que vi allí. A precios desorbitados, sobre todo los modelos vintage. En algún caso los precios de algún modelo expuesto llegaban a ser como los de un coche. Y de los buenos.

Finalizamos el paseo en Washington Square, donde finaliza -o mejor sería decir, donde comienza- la 5ª av. Esta famosa plaza, con su arco retratado en cientos de miles de películas de Hollywood, es un agradable lugar para sentarse a descansar, tomar el almuerzo y contemplar las actuaciones de músicos callejeros que pululan por doquier. También es el comienzo del famoso barrio de Greenwich Village.

Después de descansar un buen rato en Washington Square nos dirigimos al Village con la intención de ver algunas tiendas de discos, respirar el ambiente del barrio y encontrar el famoso edificio de la serie Friends. Éste se encuentra en el cruce de las calles Grove con Bedford.



Tras el paseo por Greenwich Village, ya muy molidos, nos fuimos en busca del Café Reggio en el que se encuentra la famosa cafetera que aparece en la película El Padrino II. Frikismo cinéfilo a tope... Un taxi rápido y a descansar un poco en el hotel. Para la cena optamos por el restaurante temático Bubba Gump de Times Square, dedicado a la peli Forrest Gump. Si vais alguna vez, no pidáis el plato sureño 'Jambalaya' a no ser, claro, que os chifle el picante, pero picante hasta rabiar... Nosotros lo pedimos y lo dejamos prácticamente entero. El camarero se apiadó de nosotros y finalmente no nos lo cobró. Por lo demás, la visita al restaurante es toda una delicia para los que somos fans del entrañable personaje del condado de Greenbow, Alabama.

Día 10 (miércoles 15 de octubre):

Y llegó el final de nuestra luna de miel. Para este día optamos por hacer brunch en el famoso Carnegie Deli, en la 55th con la 7ª av. Un lugar mítico con cientos de fotos de famosos en las paredes, fans de los sándwiches de pastrami que sirve esta delicia desde los años 30 del siglo XX. Yo cometí la imprudencia de pedir un 'Woody Allen', porque me hizo gracia el nombre y porque sale mencionado en la peli del genio de NY, Broadway Danny Rose. Pero mi cara de alegría se tornó en preocupación cuando me trajeron el plato con el dichoso sándwich, del que podrían haber comido fácilmente 6! hombres fornidos -y esta vez, no exagero nada de nada- y además muy hambrientos hasta hartarse. No pude ni con la mitad del plato. Pilar fue más inteligente y optó por un sándwich 'normal', pero aún así le costó dar finiquito a su plato. Eso sí, el pastrami, delicioso. Como curiosidad, decir que las mesas en este local están totalmente juntas y comes codo con codo con otros comensales. Toda una experiencia.

Para nuestras últimas horas en NY optamos por coger un taxi y cruzar el puente de Brooklyn, una de las cosas indispensables y típicas que se supone hay que hacer cuando uno visita esta ciudad. Ya sabíamos que no podríamos verlo todo, pero por lo menos sí nos vamos con la sensación de que hemos hecho las visitas y las rutas imprescindibles. Curiosamente, no habíamos tenido prácticamente ninguna mala experiencia con ningún taxista, y eso que cogimos unos cuantos, hasta este último día en la ciudad. Y tuvo que ocurrirnos en este último viaje a Brooklyn. El taxista que nos cogió nos debió tomar por turistas estúpidos y no se le ocurrió otra cosa que meterse por Times Square, a pesar de que podría haber tomado otras alternativas con bastante menos tráfico. Se cobró con ello una propina del 60 % -en los taxis es costumbre entregar de un 10 a un 15 % de propina, como mínimo, aparte del precio de la carrera-. En fin, tiene que haber de todo. En general, los taxistas neoyorquinos son bastante eficientes y lo normal es que sepan evitar los embotellamientos, siempre que esté en su mano. O por lo menos nuestra experiencia hasta ese momento había sido así.

Estuvimos paseando por el DUMBO (Down Under Manhattan Bridge Overpass) junto al río y el puente de Brooklyn, con el skyline del sur de Manhattan de fondo. Fue el colofón perfecto a una luna de miel perfecta. Nos sentamos en un banco, paseamos melancólicamente junto a la orilla y sacamos fotos hasta desgastar el puente y los rascacielos de NYC. Sin duda, este viaje nos ha marcado para siempre. Esta ciudad y lo que hemos vivido en ella lo recordaremos por siempre.

Y no tardaremos en volver a visitarla. Nueva York es tan inmensa, hay tantas cosas por ver, que es imposible abarcarla en una primera visita. Con este viaje tan sólo nos hemos hecho una mínima idea de lo que puede ofrecer. El siguiente capítulo sobre NYC lo escribiremos próximamente. Y tenemos la esperanza de que hasta entonces no pase demasiado tiempo.

jueves, octubre 09, 2014

New York - 2

Estos días en New York nos estamos alojando en el Hyatt Times Square Hotel, muy cerca de la céntrica 'plaza' de Times Square. Nuestros primeros pasos por la ciudad fueron en este grandioso lugar. Los anuncios luminosos en los impresionantes edificios que flanquean la calle hacen que incluso en plena noche parezca de día!

Pero ayer y hoy los hemos pasado fuera de NY. Teníamos entradas para ver un partido de pretemporada de la NBA en Hartford, Connecticut. Nada más y nada menos que los Celtics contra los Knicks: partidazo! Hemos disfrutado de lo lindo viendo jugadas increibles y los primeros tiros en su nuevo equipo -los Knicks- de Calderón, el gran jugador español. Lamentablemente para él hoy no le ha ido muy bien porque los Celtics, mi equipo de toda la vida, han ganado de paliza. En fin, no se jugaban nada, pero no creo que les haya hecho mucha gracia perder así. 



Hartford es una tranquila y muy agradable ciudad. Está a unas dos horas en tren de NY (desde la estación de Pensilvania o Penn Station) y alberga, entre otras cosas, un campus universitario, multitud de hoteles y empresas y el XL Center, pabellón deportivo multiusos muy espectacular, en donde se programan espectáculos deportivos, conciertos, etc.

La ciudad también se enorgullece de haber tenido al escritor Mark Twain entre sus ilustres habitantes. Aquí pasó 17 esplendorosos años el creador de Tom Sawyer y Hucklberry Finn. Esta mañana hemos visitado la casa donde vivió con su familia y os puedo asegurar que la visita con guía merece mucho la pena. 


Mañana regresamos a Manhattan. Tenemos tren -Amtrak- a las 6:35 de la mañana! Queremos aprovechar el día a tope. Y si se nos da bien la cosa muy probablemente finalicemos la jornada viendo un musical de Broadway. Permaneced atentos!




miércoles, octubre 08, 2014

New York - 1

Pues ya somos marido y mujer. Tras meses de preparación la boda finalmente resultó un éxito y todos los invitados salieron encantados. La celebración que queríamos, ni más ni menos.

Y después de tanto trabajo, aquí estamos: en New York, disfrutando de nuestra luna de miel. El vuelo se hizo largo, sobre todo el último trecho. Sin embargo, más largo y tortuoso se nos hizo el control de aduanas del aeropuerto JFK. Como anécdota decir que, tras estar casi una hora esperando cola para que nos sellaran el pasaporte, cuando por fin llegó nuestro turno nos hicieron pasar a la oficina de la aduana. Suponemos que mi peculiar apellido debía coincidir con el de algún simpático narco brasileño y necesitaban confirmar que no se les colaba nadie indeseable en la casa. En fin, finalmente no ocurrió nada malo. Nos hicieron algunas preguntas rutinarias sobre el motivo de nuestra estancia en los EE.UU. y después de felicitarnos por nuestro casamiento, nos dejaron marchar. Pero claro, entre eso y que nos tuvieron otra hora esperando para el shuttle que había de llevarnos al hotel, estuvimos así como tres horas para salir del JFK. Una tortura... Menos mal que al contemplar por primera vez el skyline de Manhattan se te pasan todos los males. 

Y es que, amigos, no hay nada en la Tierra comparable a esta ciudad. Todos los edificios, las calles, la gente, parecen el decorado de una película. Quizá esa sensación se deba a que NY ha sido retratada infinidad de veces en el cine. Hay literalmente miles de localizaciones de películas que han sido rodadas aquí. Y además las autoridades y los propios neoyorquinos saben explotar bien esa faceta. Hay referencias cinematográficas por doquier en cada rincón de la ciudad, en cada tienda, en cada escaparate, en cada museo y en cada esquina. 

Ayer por la tarde decidimos que nuestro bautismo de fuego en NY debía ser visitando lo más turístico: el Empire State Building. Emblema de la ciudad, este fantástico rascacielos lleva ahí desde 1930. Y aunque el jet lag y el cansancio apenas nos hacían mantenernos en pie, disfrutamos de una de las mejores vistas de la ciudad, desde el piso 86 del edificio. Ya era de noche y os juro que el espectáculo de ver NY iluminada desde las alturas merece muchísimo la pena. Eso sí, armaos de paciencia porque la subida a lo alto del edificio lleva un buen rato, debido a las larguísimas colas que se forman para entrar. Por 29$ disfrutaréis de una de las vistas más espectaculares de esta gran urbe. 

Tras la visita al ESB, aún alucinando por lo que acabábamos de presenciar, nos tomamos para cenar un perrito en Papaya, muy cerca del famoso edificio. A continuación, dando un paseito por la 5a Avenida llegamos hasta la biblioteca de la ciudad y recordamos a George Peppard subiendo sus escaleras de dos en dos escalones, confundiendo a una chica cualquiera con Audrey Hepburn. Y es que a cinéfilos no nos gana nadie. 

Hemos llegado arrastrándonos al hotel y eso que no eran ni las 10 de la noche. Pero la diferencia horaria no perdona. Aún tenemos varios días por delante para disfrutar de esta gran ciudad.  

sábado, agosto 09, 2014

Unos días de vacaciones

Vaya... Han pasado varios meses desde que escribí mi última entrada en el blog. La verdad es que he estado muy ocupado. Ahora estamos disfrutando de unos días de vacaciones y es hora de hacer un poco de balance. Desde octubre-noviembre del año pasado estoy inmerso en un proyecto muy bonito, sobresaliente, emocionante, con un gran músico, Pablo Alcaraz, al que le estoy produciendo un disco con temas escritos por él. Afortunadamente, estoy teniendo la oportunidad de participar en muchas de las decisiones artísticas y técnicas del CD que, calculamos, se publicará en el otoño de este año. Por supuesto, haremos algunos conciertos de presentación del disco, pero mejor, no adelantemos acontecimientos.

El otro gran proyecto en el que he estado 'trabajando' es el de mi boda. Sí, amigos, me caso con mi chica en octubre. La pobre me lleva aguantando la friolera de doce años y hemos decidido hacer un pequeño alto en el camino, para observar (y admirar) lo recorrido, y darnos el 'Sí quiero'. Será una boda pequeña: padres, hermanos, amigos del alma... Organizar una boda, aunque sea de tamaño reducido como la nuestra, requiere mucho esfuerzo y dedicación. Son demasiadas cosas a tener en cuenta y hay que estar en todo.

Por otra parte, aprovechando estos días de asueto, hemos visto una peli preciosa, Begin Again. Si amas la música esta será tu película. Dirigida por John Carney, el director de mi adorada Once, en Begin Again se nos plantea un argumento parecido a aquélla, aunque con las calles de Nueva York de escenario, en lugar del viejo Dublín. Una cantautora y un productor musical, ambos en horas bajas, se encuentran feliz y casualmente y ambos iniciarán una aventura musical y personal que les llevará a grabar un disco nada más y nada menos que utilizando la propia ciudad de NYC como estudio de grabación. NYC... ¿Os he mencionado que es ahí donde iremos en nuestro viaje de novios? Qué emoción! Excelentes Mark Ruffalo y Keira Knigthley. Ah, y la banda sonora, como ya sospecharéis, de matrícula de honor.

Y hablando de aventuras musicales, estoy escribiendo algunas ideas para mi próximo trabajo. Como sabéis, sufro una especie de bloqueo artístico y hace así como tres años que no escribo nada nuevo que merezca la pena ser publicado. Mi tercer disco se resiste... Tengo entre manos un proyecto que podría estar muy bien si consiguiera llevarlo a buen puerto. Espero conseguirlo y que mi propensión a la dispersión no me juegue malas pasadas... Y mientras tanto, escucho mucha música. Últimamente le he dedicado bastante tiempo a algunos discos de los 90, clásicos de Blur, Oasis, The Jayhawks, U2, Radiohead... Siempre escuchando la música hecha veinte años atrás! Curiosamente, es así: en los 90 yo escuchaba cosas de los 60 y 70. Era fácil encontrar en mi walkman alguna cinta de The Beatles, The Doors, Beach Boys, Supertramp, Pink Floyd, Billy Joel, Dire Straits, Springsteen... Y casi nada de lo que se hacía en aquella época, en aquel momento, excepto quizá Crowded House, Nirvana, Presuntos Implicados, algunos cantautores... Será que soy un nostálgico incorregible.

viernes, noviembre 08, 2013

El juego de Ender

El juego de Ender es una correcta adaptación del ya clásico contemporáneo de culto, la novela homónima de Ciencia-ficción publicada en los 80 por Orson Scott Card, quien figura como uno de los productores de la película. Hay que destacar el muy acertado casting del protagonista del film, Asa Butterfield (La invención de Hugo), quien encarna casi a la perfección al complejo personaje principal de la historia, Ender, destinado a ser nada más y nada menos que el líder comandante en jefe del ejército que habrá de salvar a la Humanidad de la invasión de unos extraños alienígenas con forma de insectos gigantes, los 'insectores'. Aparte del pequeño obstáculo, algo difícil de llevar al cine de forma creíble, de que en la novela el niño protagonista era algo más joven -6 años! creo recordar-, la elección del joven Butterfield creo que es muy acertada, encajando muy bien físicamente el joven actor con el personaje. Entre los actores secundarios hay rostros conocidos como Harrison Ford, Ben Kingsley, Abigail Breslin y Viola Davis.

El proceso de entrenamiento en condiciones de ingravidez (espectaculares las 'batallas' de unas escuadras contra otras) y los conflictos internos del protagonista, junto a su gran inteligencia y capacidad para la estrategia bélica, hacen de esta historia y su personaje principal un clásico del sci-fi. Es el comienzo de una nueva saga: veremos su evolución. Recomendable (si eres fan del género, claro).

sábado, junio 29, 2013

Antes del anochecer

Ya tenemos aquí Antes del anochecer, la esperadísima tercera parte de la trilogía comenzada con Antes del amanecer (1995) y Antes del atardecer (2004), dirigida por Richard Linklater y protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy. Los años han pasado y nos encontramos a unos Jesse y Celine más maduros, con una vida en pareja (al fin...!), unas profesiones que atender, hijos de los que cuidar, ex-parejas para olvidar y un pasado a sus espaldas. Si las dos primeras películas trataban sobre las expectativas de la vida, el romance, el amor, el cortejo, los sueños por realizar, esta última entrega nos lleva de manera magistral a la vida adulta y sus concesiones y servidumbres inevitables; la pérdida de la inocencia y el miedo a caer en el cinismo, la preocupación por los hijos, sobre todo cuando son de anteriores matrimonios, el cómo preservar tu propio espacio dentro de una vida en pareja; y el pavor a la pérdida de las ilusiones y sueños de juventud, siempre latente.
La química entre Hawke-Delpy, Jesse-Celine, es incuestionable. Lo que comenzó con una peliculita de bajo presupuesto, Antes del amanecer, sin muchas pretensiones, cuya naturalidad y talento la han convertido en un título de culto, ha derivado en un cuasi-experimento cinematográfico que, casi 20 años después, aún sigue deslumbrando a crítica y público. Imprescindible.